
Es muy frecuente que nos encontremos con expresiones del estilo “Yo soy así”, “es mi carácter”, “es porque soy de X signo en el horóscopo”, “salí a X familiar” y ¿qué nos dice esto? Que la persona que se autopercibe de esta manera cree que es así y no puede ser de otra manera, “viene de fábrica” y hay que aceptarla tal cual es y esto puede ser frustrante para quienes están alrededor. Que algo sea difícil de cambiar porque lo tenemos muy incorporado a nuestra forma de ser no hace que sea imposible.
La personalidad se hereda genéticamente, es una construcción, por lo tanto si nos parecemos en algo a algún familiar no es por “herencia”, es por modelado. El modelado es un modo de aprendizaje mediante la observación o imitación de otras personas que sirven como “modelos” y es muy importante durante la infancia, esto no significa que sea inflexible ni que solo en se dé en ese periodo de tiempo, de hecho en la terapia cognitivo-conductual se utiliza como una herramienta terapéutica.
Con respecto a los signos del zodíaco/horóscopo, no encontré ningún estudio científico que valide sus predicciones ni la influencia de los astros en la construcción de la personalidad, por lo tanto puede pensarse que el sesgo de confirmación tiene algo que ver. De todos modos hablaré de esto en otro artículo porque me parece un tema interesante como para dejar en una explicación tan simplista como la que acabo de dar.
Todos tenemos algunos rasgos de personalidad que nos caracterizan, algunos de ellos valorados y alentados socialmente, por ejemplo el altruismo, la amabilidad, etc, en definitiva son aquellos que permiten vincularnos positivamente con el entorno y nos producen satisfacción. Ahora bien, cuando esos rasgos de carácter son conflictivos, provocan malestar a nuestros allegados, nos perjudican en nuestro trabajo y en otras áreas relevantes, el tema es otro. Por su puesto que si uno es feliz así es cosa de uno, pero es así porque uno elige, no simplemente porque “es así”.
La rigidez en la personalidad es característica de las personas con Trastornos de la personalidad, pero también puede estar presente en personas que no poseen trastorno, ya que como señalaba el psicólogo estadounidense Theodore Millon, no hay una línea clara que separe la personalidad “normal” de la patológica debido a que comparten los mismos principios y mecanismos de desarrollo. Lo que fundamentalmente diferencia a una de la otra es la flexibilidad.
Quienes poseen un trastorno de personalidad tienen una rigidez que les impide adaptarse al ambiente de una forma mucho más notoria que quienes no tienen una patología, sin embargo, éstos pueden tener algunos rasgos rígidos. Este es el punto al que quería llegar, las personas con rasgos rígidos tienen problemas para adaptarse al ambiente de un modo más acotado que las personas que tienen un Trastorno de personalidad, pero aun así éste puede ser molesto o perjudicial, por ejemplo una persona cuyo rasgo destacado es la terquedad puede tener problemas en todas las áreas de su vida por su incapacidad de negociar o aceptar el punto de vista y necesidades del otro y por ejemplo esto puede dificultarle mantener un empleo.
De modo más sutil, hay personas que quieren ser tratadas de determinada manera y cuando esto no es así se angustian, porque no pueden adaptarse al ambiente y puede traerle serios problemas personales, por ejemplo no poder estar en pareja o sostener amistades.
Como podemos ver, las personas con rasgos rígidos tienen problemas para llegar a acuerdos, otorgar a la opinión del otro el mismo o un mayor valor que a la propia, muchas veces no puede aceptar la ideología o valores del otro, en definitiva les cuesta ser empáticos y afecta las relaciones sociales.
Ahora, ¿este es un mal irremediable que nos tocó en suerte? Como dije al principio, no. En definitiva, decir “yo soy así” es una forma de no responsabilizarse por las acciones de uno, porque nada más habría una única forma de hacer las cosas y mantenerse en esta postura impide crecer, ser empático, mejorar nuestras relaciones y calidad de vida.
Desde ya, que si uno nota rigidez en el otro y le afecta de algún modo, no lo puede obligar cambiar, es un trabajo personal donde el primer paso consistirá en que la persona se dé cuenta de las limitaciones de mantenerse en esa postura. Lo que habría que hacer en primera instancia es hacerle saber a la otra persona qué es lo que nos molesta y no hacerlo desde una postura acusatoria o juzgadora, tal vez no se dio cuenta que actuaba así o que nos afectaba de esa manera, en el caso de que la persona se desentienda de su responsabilidad por el malestar que genera o las dificultades que genera a otros para relacionarse con él, tal vez lo más saludable sea aceptar esto, y no me refiero a aceptación como sometimiento, sino en el sentido de aceptar que la persona seguirá siendo así y que no tiene que ver con nosotros. Con respecto a esto, muchas veces también pasa que uno define al otro como “sos así” o “saliste a X familiar” y es sumamente contraproducente, primero porque no motiva al otro para el cambio y segundo, porque hace que tengamos una perspectiva sesgada con respecto a esa persona, lo como dije en los artículos de sesgo negativo y confirmación, rechazaremos o ignoraremos la información que contradiga la idea previa que tengamos de esa actitud y para la persona que intenta hacer el cambio esto es frustrante y hasta puede reforzar el mantenerse en la actitud rígida porque de todos modos no es reconocido.
Pero para finalizar me parece interesante invitarlos a pensar en uno mismo y detectar si tenemos algún rasgo rígido o si nos señalan seguido algo de nuestra personalidad que nos afecta o afecta a otros de algún modo y decidir si nos interesa hacer algo con eso o no. Cambiar algo de nosotros mismos no es una tarea sencilla y tal vez requiera de acudir a un terapeuta, sin embargo sin dudas es algo que valdrá la pena a largo plazo ya que implica una mejora en la calidad de vida.
Referencias:
- Blasco, Rubén. Rigidez patológica (2013). Psicólogo Especialista Barcelona. Recuperado de: https://psicologo-especialista-barcelona.com/blog/rigidez-obsesiones/
- Cardenal, V., Sánchez, M., & Ortiz-Tallo, M. (2007). Los trastornos de personalidad según el modelo de Millon: una propuesta integradora. Clínica y salud, 18(3), 305-324.