FELICIDAD

La felicidad posiblemente sea uno de los estados más deseados por las personas, una meta a alcanzar y hasta suele ser ligada a la salud, en definitiva se presenta casi como una demanda social: tenemos que ser felices. Esto nos pone en un estado de exigencia constante donde se busca incansablemente algo que no se sabe exactamente que es pero que supuestamente nos llevará a ese estado de perfecto bienestar. También está la creencia de que la felicidad llegará porque la “merecemos”, entonces se la espera pasivamente, porque tenemos la certeza de que nos espera con los brazos abiertos como recompensa por haber soportado tantos malos tragos.

Sin embargo la realidad nos devuelve otra cosa, nos muestra que la felicidad no son más que momentos efímeros y muchas veces esto trae frustración, tristeza y hasta enojo si se lo percibe como una injusticia. La infelicidad entonces nos parece algo anormal, malo e indeseable, y es comprensible, ¿quién quiere ser infeliz? Pero al final, mantenernos en esta postura sólo nos hace más infelices y prolonga el sufrimiento.

El psicólogo norteamericano Paul Gilbert advierte que el cerebro humano evolucionó para sobrevivir, no para ser felices, y es por ello que debemos aprender a lidiar con emociones fuertes. Tomando esto en cuenta, podemos pensar que en realidad la infelicidad (o las emociones intensas valoradas como negativas) no es algo anormal, por el contrario, es lo más común. Lejos de tomar esto como algo desalentador, normalizar la infelicidad o el sufrimiento puede ser de ayuda para ver la vida desde otra perspectiva.

En el desarrollo de este artículo voy a hablar por un lado del concepto de felicidad budista y por el otro de psicología positiva.

¿Por qué voy a tomar la felicidad según el budismo? Porque en los últimos tiempos surgieron tratamientos terapéuticos para diferentes trastornos incorporando elementos de la filosofía budista (tercera ola de Terapias cognitivo-conductuales), por ejemplo: Mindfulness, Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), Terapia Dialéctica Conductual (DBT), Terapia Focalizada en la Compasión (CFT), entre otras. Estas terapias van más allá del síntoma haciendo  énfasis en cómo nos vinculamos con el contenido de la experiencia y el contexto. De hecho las técnicas de meditación (desarrolladas en Mindfulness) son tomadas por muchas de estas terapias con el objetivo ubicarnos en el presente y darnos cuenta cómo frecuentemente nuestros pensamientos nos anclan en las penurias del pasado o agobian por la incertidumbre del futuro y nos impiden disfrutar la vida hoy.

Como soy una lectora reciente de budismo y por lo tanto aún tengo mucho que aprender, solo haré una breve reseña de lo que es la felicidad desde el budismo. A grandes rasgos, plantea que la vida lleva implícita el sufrimiento pero el malestar es opcional. Si uno acepta el sufrimiento y analiza sus raíces puede abandonar los hábitos que lo alimentan y así alcanzar un estado de iluminación. A su vez el maestro zen vietnamita Thich Nhat Hanh, señala que el sufrimiento puede traernos enseñanzas valiosas y éste sería un aspecto positivo del sufrimiento, no obstante, también advierte que si bien no podemos evitar sufrir, podemos no regar sus semillas y de este modo evitar que crezca.

Con respecto a la psicología positiva, primero voy a aclarar que no es parte de la familia de terapias cognitivo-conductuales (aunque sí tienen algunas cosas en común con las terapias de tercera ola como por ejemplo centrarse en el presente, tener como objetivo el bienestar del paciente y centrarse en cómo pensamos).

La psicología positiva se dedica al estudio científico del bienestar emocional y psicológico. Uno de sus representantes más notables es Martin Seligman, su teoría habla de la felicidad como una combinación de fortalezas que nos hace virtuosos (Ej: resiliencia, optimismo, coraje, persistencia, creatividad, vitalidad, gratitud, autocontrol, sabiduría e inteligencia emocional). Este autor plantea que felicidad se basa en cinco elementos:

  1. Pleasant life: refiere a aquellos momentos de placer que podemos tener a diario y provocan emociones tales como alegría, éxtasis, etc. Es el consumo de experiencias y objetos.
  2. Engagement life: tiene que ver con sumergirnos en actividades en las que podemos desplegar nuestras  habilidades de un modo tan satisfactorio que perdemos la noción del tiempo, es lo que se conoce como “flow”.
  3. Meaningful life: trata de hacer algo que tenga que ver con pertenecer o servir a un propósito que sea mayor a uno mismo, como puede ser un voluntariado, cuidar el ambiente, etc.
  4. Achiving life: refiere a los logros personales, esto por supuesto también despierta emociones positivas.
  5. Positive relationships: cultivar relaciones positivas.

Finalmente, mientras investigaba encontré un estudio publicado en 2015 que me resultó interesante, compara la felicidad de los argentinos y los españoles y los resultados dieron que los españoles son más felices pero los argentinos exhiben mayor bienestar psicológico vinculado a una mayor posibilidad de crecimiento personal y de encontrar propósitos en sus vidas y en ambos países las mujeres presentan mayor bienestar con respecto a los hombres en relación a crear vínculos positivos con otros y dominio del entorno.

En conclusión, la felicidad depende enteramente de nosotros ya que la manera en que vemos el mundo es clave; ya sea desde ser concientes de las fuentes de nuestro sufrimiento para no alimentarlas como plantea el budismo, como de propiciar las experiencias y proliferación de emociones  positivas como plantea la psicología positiva. En ambos casos y como ocurre con las terapias TCC mencionadas, vivir en el presente también es fundamental.

En esta misma línea, no es aconsejable poner nuestra felicidad en manos de otras personas ni del “destino”, tampoco conviene verla como una meta al final del camino. Apreciar lo que tenemos, aceptar tanto las cosas buenas como malas que nos suceden y aprovechar sobre todo las malas para aprender algo nuevo que nos enriquezca permitirá que podamos vivir la vida de una manera más plena.

Bibliografía de referencia:

Publicado por Lic. Ángeles Fernández

Lic. en Psicología (UBA). Estudiante de posgrado en Teoría Cognitiva-Conductual.

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