
Al hablar de emociones hay personas que las ponderan y consideran que hay que dejarse llevar por ellas y hay quienes las rechazan, ya sea porque las asocian a malestar y vulnerabilidad o porque creen que hay que elegir entre ellas y la racionalidad. Pero ¿qué son las emociones? ¿Por qué las tenemos? ¿Qué función cumplen? Y finalmente, como dice el título ¿son amigas o enemigas? Para obtener estas respuestas ¡seguí leyendo el artículo!
Nuestro cerebro es resultado de la evolución, las emociones tienen una base biológica (el núcleo de las emociones se encuentra en la amígdala y el hipocampo) que permitió la supervivencia de la especie y compartimos las emociones básicas con muchos otros animales (Según el experto en neurociencia afectiva Jaak Panksepp, éstas son: la búsqueda, el miedo, la furia, el cuidado o protección, el dolor, el deseo y el juego). Además las emociones se caracterizan por tener una duración breve en el tiempo (es lo que las diferencia de los sentimientos), son intensas y prepara el cuerpo para la acción. Por otro lado, lo que diferencia nuestra experiencia con las emociones de la de los animales, es que contamos con áreas cerebrales tales como el lóbulo frontal y prefrontal que nos permiten razonar y reflexionar sobre ellas; además las emociones son funcionales a la comunicación con otros y la comprensión de situaciones.
En la expresión de las emociones cobra un rol importante la cultura, creo que el caso más evidente es el de la diferencia de la expresión de las mismas de acuerdo al género, mientras a las mujeres se las estereotipa como “sensibles” y se las alienta a la expresión de sus emociones, a los hombres se los alienta a suprimirlas y evitarlas, esto se puede ejemplificar fácilmente recordando la frase “los hombres no lloran”. En múltiples estudios se ha corroborado que las mujeres expresan más sus emociones, tienen mayor comprensión de las mismas, mayor habilidad en reconocer las emociones de los demás, ser más perceptivas y empáticas que los varones. También hay evidencia de que las zonas cerebrales dedicadas al procesamiento emocional son más grandes en las mujeres que en los hombres. (Núñez et al. 2008)
Cuando hablamos de que los hombres expresan menos sus emociones no significa que las sientan menos que las mujeres, tiene que ver con que las suprimen con más frecuencia porque fueron criados para encajar en el modelo “mujer sensible-hombre racional” que la sociedad propone y esto tienen sus consecuencias porque afecta a la regulación emocional.
Probablemente escucharon alguna vez hablar de regulación o inteligencia emocional, básicamente esto es la capacidad que tiene una persona de poder identificar, asimilar y comprender los sentimientos de manera adecuada y la destreza para regular y modificar de manera voluntaria el propio estado de ánimo, así como también poder identificar las emociones de los otros y actuar en consecuencia.
La inteligencia emocional según Goleman
Uno de los autores más reconocidos en el desarrollo de este tema es el psicólogo estadounidense Daniel Goleman, quien plantea que la inteligencia emocional no tiene nada que ver con el coeficiente intelectual (CI). El CI no predice como nos irá en la vida y es fijo a lo largo del tiempo, en cambio la inteligencia emocional varía a lo largo de la vida y podemos mejorar en ella. Con respecto al éxito profesional, nos dice que sí depende de la inteligencia emocional; se demostró que las personas que toman decisiones únicamente de modo racional se equivocan más que quienes evalúan los datos y también toman en cuenta sus instintos, éstos nos permiten sentir que tomamos una decisión correcta.
Goleman explica que los pensamientos llegaron después que las emociones porque las áreas cerebrales que los permitieron se desarrollaron después. Los recuerdos se almacenan en distintas áreas del cerebro y aquello que nos enfureció, asusto o nos hizo muy feliz se almacena en la amígdala; hay una pequeña conexión entre ésta y el tálamo que es muy rápida y le permite a la amígdala revisar todo lo que nos ocurre momento a momento, si algo se parece a aquello que nos enfureció, asustó o nos alegró se activa un llamado “secuestro por la amígdala” que toma al resto del cerebro porque es una emergencia. Las señales de un secuestro por la amígdala son 3: 1- Se tiene una acción repentina y rápida, 2- es una emoción muy fuerte, 3- cuando uno se calma se percata de que hizo algo muy inapropiado. La amígdala piensa de una manera bastante infantil debido a que aprende la mayor parte de su repertorio durante la infancia, por ejemplo puede pensar: “este tipo me molesta y lo quiero golpear”, pero afortunadamente esta información viaja a la corteza prefrontal (que es el centro ejecutivo del cerebro, donde tomamos nuestras decisiones), en este punto el lóbulo frontal puede agregar información fundamental y decirnos por ejemplo “no te conviene golpearlo, es tu jefe” y ahí cambiar de tema evitando cometer una acción que podría perjudicarnos gravemente. Las neuronas que se alojan allí son las neuronas inhibitorias que son quienes dicen “no”. Cuando Goleman habla de inteligencia emocional se refiere a estos circuitos.
Las partes de la inteligencia emocional son:
- Autoconciencia: es la habilidad de decir lo que sentimos momento a momento. El tema es que generalmente estamos atrapados en el flujo del pensamiento, pensando lo que teníamos que hacer, lo que haremos más tarde, etc. y no reparamos en el flujo de emociones que corre en paralelo, por lo general notamos las emociones recién cuando cruzan un umbral de percepción y nos percatamos de que por ejemplo estamos fastidiados; entonces esperamos a que nuestras emociones vengan a nosotros, no vamos a ellas, y esto es importante porque es una base para tomar decisiones sanas. Hay que escuchar a nuestros instintos igual que a nuestra mente racional porque la ciencia nos dice que la intuición es una herramienta valiosa.
- Manejo de nuestras emociones: la autorregulación emocional consiste en controlar los impulsos, es decir, cambiar como reaccionamos.
- Motivación: son las emociones las que nos mueven hacia nuestras metas en la vida. Goleman destaca la importancia del optimismo, ya que las cosas de la vida nunca ocurren sin sobresaltos, la persona optimista ve los momentos de dificultad como algo debido a las circunstancias que puede cambiar, mientras las personas pesimistas lo ven como una falla propia que no puede ser cambiada. La buena noticia es que se puede dejar de ser pesimista aprendiendo a pensar como un optimista.
- Empatía: implica saber lo que alguien siente siguiendo pistas no verbales como son el tono de voz, su expresión facial, sus movimientos. La empatía es la base de la preocupación y la compasión, es el sentimiento que hace que no queramos hacerle daño al otro. La empatía se encuentra en la amígdala, en nuestro cerebro emocional, no en el racional, por eso la relación entre CI y empatía es 0.
- Manejo de las emociones de otras personas: es el arte de las relaciones. En cada momento podemos hacer sentir a la persona un poco mejor o un poco peor y tenemos este poder sin importar lo que hacemos, sino de cómo lo hacemos.
Como pueden imaginar, somos secuestrados por la amígdala con frecuencia y para mejorar nuestra inteligencia emocional debemos estar atentos a ello. El autor plantea que es fundamental darnos cuenta que estamos bajo un secuestro por la amígdala ¿cómo podemos hacerlo? Estando atentos a las emociones que experimentamos y a los cambios corporales como por ejemplo, que fruncimos el entrecejo; y darle tiempo para terminar, darle la oportunidad a nuestro centro racional (lóbulo frontal) de tener una voz, para tranquilizarnos podemos usar algunas estrategias tales como contar hasta 10, preguntarnos “¿necesito encargarme de esto ahora?” “¿Puedo esperar hasta calmarme?”. Una vez que estemos calmados podemos comunicar de un modo específico lo que pensamos o nos molesta, la comunicación clara es esencial para que puedan escucharnos de verdad; piensen cualquier situación en la que discutieron bajo el enojo, surgen reproches de ambos lados, se eleva el tono de voz y ambos se mantienen en la postura de “yo tengo razón” y la inteligencia emocional propone no buscar tener razón sino trabajar bien juntos. Puede que alguna vez no logremos frenar un secuestro por la amígdala, en esos casos debemos perdonarnos e intentar aprender de eso para la próxima vez hacerlo mejor.
La polémica lógica vs. emoción
El psicólogo Paul Gilbert habla de la interacción entre nuestro cerebro viejo y nuestro cerebro nuevo y dice que ésta a veces es conflictiva. El cerebro viejo está más relacionado al procesamiento implícito (automático), no es mediado por la conciencia, es rápido, emocional, está sujeto al condicionamiento clásico y a funciones de auto-identidad, también puede generar fantasías y sentimientos, incluso aquellos que sean contrarios a los deseos concientes. El cerebro nuevo tiene que ver con el procesamiento explícito (controlado), que es más lento, requiere un esfuerzo conciente, está más orientado a lo verbal y reflexivo. Ahora bien, la relación entre estos cerebros es compleja e intervienen diferentes sistemas neurofisiológicos apoyando a cada una y el autor explica que las personas pueden tener pensamientos alternativos lógicos pero oírlos de modo frío, sería un “lo entiendo pero no lo siento”, esto es típico en las personas con baja autoestima, pueden tener un montón de evidencia de lo competentes que son para desarrollar diferentes tareas y aceptarlo pero aun así sentirse poca cosa. También plantea que el modo de procesamiento implícito evolucionó con los sistemas de cuidado y puede dar lugar a sentimientos de tranquilidad, seguridad y conexión, por lo tanto la imposibilidad de acceder a este sistema de afectos es lo que mantiene el problema.
Comúnmente la gente tiende a quejarse de las emociones y no así de las interpretaciones que hace de ellas, porque si bien es cierto que son automáticas y no elegimos sentir miedo, enojo, etc., la persistencia de ese estado emocional está estrechamente ligada a la cognición. Los animales no tienen este problema, por ejemplo imaginen a una cebra pastando tranquilamente en la sabana africana, en eso aparece una leona dispuesta a hacerla su cena, el sistema autónomo se la cebra se activa, emocionalmente seguramente surgirá el miedo y su cuerpo se preparará para la huida, supongamos que logra escapar con vida, la cebra no va a quedarse pensando “que terrible lo que me pasó ¿y si me moría? ¡Y qué forma espantosa!, no sé cómo voy a dormir esta noche… ¿y si mañana me pasa lo mismo pero logra atraparme? ¿Y si le pasa a mi familia? Tal vez debería buscar donde esconderme y no volver a salir a esa sabana tan peligrosa”, sin embargo después de lo ocurrido el sistema de la cebra volverá a su estado normal y probablemente vuelva a pastar al mismo lugar, en cambio con los humanos esto no pasa, nosotros sí nos quedamos pensando e incluso podemos afectarnos por situaciones pasadas, ya que podemos tener recuerdos con mucha carga emocional, también por cosas que imaginamos ¿Cuántas veces nos ha pasado de entristecernos pensando en cosas que podrían pasar?; o haciendo interpretaciones erróneas de las sensaciones corporales por ejemplo las personas que sufren ataques de pánico interpretan sus sensaciones corporales como signos de que sufrirán un infarto y esta interpretación suele persistir aunque los estudios médicos la contradigan.
Otra cuestión importante a tener en cuenta es que nuestras emociones son nuestras. ¿Qué quiero decir con esto? Que es muy común adjudicárselas a personas o factores externos, por ejemplo “me hizo enojar” o hacerse cargo de emociones ajenas “hice que se enojara”. Las emociones son de cada uno, las situaciones que las desencadenas son disparadores, para clarificar un poco más, tomando el ejemplo “me hizo enojar” la forma de verlo podría ser “me siento enojado por X cosa que hizo/dijo X persona” aunque suene parecido no es lo mismo. En el último caso la persona reconoce la emoción como propia y se hace responsable por de la misma, lo que le dará la posibilidad de hacer algo al respecto.
Formas de lidiar con las emociones
Aspirar a un estado de calma constante no es una expectativa realista. Quienes no tienen fluctuaciones emocionales son los muertos, las personas vivas siempre experimentamos emociones, más agradables o más desagradables, en diferentes grados y dependiendo de la situación. Lo ideal es aceptarlas, observarlas y dejarlas ir, sin embargo hay personas que intentan controlarlas usando diferentes estrategias como pueden ser evitarlas o reprimirlas. El problema con estas estrategias es que cuando intentamos controlar ya sean emociones o pensamientos, lo único que logramos es intensificarlos y prolongarlos.
La evitación emocional consiste en huir de situaciones que provoquen emociones y esto es negativo básicamente por dos cuestiones: lleva al aislamiento, se pierde contacto humano porque las personas generan emociones, tanto placenteras como displacenteras y el precio que se paga por evitar las emociones displacenteras es muy alto porque también se pierden las placenteras y la segunda es que lo más probable es que el día que la persona se exponga a una situación que genera emociones, éstas le resulten demasiado intensas, le cueste soportarlas y poder regularse.
Cuando reprimimos una emoción en lugar de expresarla mediante palabras, llanto, etc., no hacemos que ésta desaparezca, sino que nos afecta de otra manera, se pueden expresar en el cuerpo y traernos diferentes malestares como problemas estomacales, cardiovasculares, etc., o psíquicos como trastornos depresivos o ansiosos.
Para lidiar con las emociones, como vengo diciendo, hay que aceptarlas. Es importante validar las emociones, esto es preguntarse porqué surgieron, no para justificarlas ni para juzgarlas, sino para entenderlas y usar esa información para ser más eficiente al manejarlas si en el futuro se presenta una situación similar.
En conclusión y contestando a la pregunta del título, las emociones no son ni amigas ni enemigas, ni malas ni buenas, son partes de nosotros y cumplen funciones importantes para poder desarrollarnos, nos dan información, por ejemplo: si nos sentimos frustrados nos dicen que tenemos necesidades insatisfechas, si nos enojamos que algo traspasó nuestros límites, si sentimos miedo que necesitamos de seguridad, si nos sentimos alegres que estamos viviendo algo positivo. Para evitar sentirnos abrumados por las emociones es muy recomendable desarrollar inteligencia emocional, recordá que ésta puede mejorar a lo largo de la vida y si alguna vez no logras manejar efectivamente una emoción ¡no pasa nada! La próxima lo harás mejor. 😉
Bibliografía de consulta:
- Arana, A. (2018). Expresar vs Reprimir las Emociones ¿Por qué lo hacemos?. Recuperado de: https://www.psicologia-online.com/expresar-vs-reprimir-las-emociones-por-que-lo-hacemos-2626.html
- Crecer y compartir. La inteligencia emocional – Daniel Goleman en español – Conferencia completa. https://www.youtube.com/watch?v=ZNl4BK3qnis
- Gilbert, P. (2016). Terapia Centrada en la Compasión.
- Núñez, M. T. S., Fernández-Berrocal, P., Rodríguez, J. M., & Postigo, J. M. L. (2008). ¿ Es la inteligencia emocional una cuestión de género? Socialización de las competencias emocionales en hombres y mujeres y sus implicaciones. Electronic journal of research in educational Psychology, 6(2), 455-474
- Troya, M. (2013). Teoría evolutiva de las emociones. Recuperado de: http://bonding.es/teoria-evolutiva-las-emociones/