Frases de consuelo inefectivas

En el artículo de hoy voy a hablar de frases comunes que usamos en diferentes situaciones y no son tan efectivas como esperamos. Voy a tomar solo algunas de modo ilustrativo pero lo detallado en el artículo se aplica a frases afines.

Personalmente me parece que es muy útil hacer un trabajo introspectivo cuando analizamos cosas de la vida cotidiana porque observar el contraste entre lo que hacemos y como nos sentimos cuando se invierten los roles, puede generar aprendizaje valioso.

Muchas veces cuando alguien se nos acerca y nos cuenta alguna situación que lo tiene compungido intentamos decirle algo que le dé aliento o expresamos un deseo sobre su bienestar sin reflexionarlo, nos sale automáticamente, como es el caso que presento en la imagen. Más allá de la buena intención, es lógico que esa persona nos mire decepcionada y esto es por varias cuestiones.

En primer lugar, cuando le decimos a alguien “no estés triste”, “no llores”, “no es para tanto”, lo estamos invalidando. Invalidar una emoción es decirle a quien la siente que sentir eso está mal (incluso podemos autoinvalidarnos a nosotros mismos: “no debería estar triste/ sentirme así”), sin embargo la emoción se desencadenó por una interpretación que hizo de la realidad (así no sea correcta), la emoción es válida porque la siente y como dije en artículo anterior, las emociones nos dan información;  la tristeza por ejemplo, nos dice que perdimos algo.

En segundo lugar, la invalidación supone que la persona está así porque quiere y que puede cambiar voluntariamente la emoción y esto no es así, si pudiera hacerlo ya lo hubiera hecho. Y supongamos que intentara controlar la emoción, ya sabemos la consecuencia será la prolongación e intensificación de la misma. Las emociones son biológicas, una vez que se desencadenan son irrefrenables y hay que darles el tiempo para que se desplieguen para poder volver al estado de reposo.

 En segundo lugar, intentamos dar una solución rápida que no nos pidieron y no ofrecemos herramientas para que lo logren. Si decimos “no estés triste” no estamos dando información sobre cómo dejar de estar triste; tal vez también se incurra en querer dar alternativas para distraerse y no digo que esté mal, pero si nos ponemos a pensar en alguna ocasión que nos puso muy triste y cómo vivimos esa emoción, nos daremos cuenta que distraerse voluntariamente no es tan sencillo.

En tercer lugar y relacionado con la anterior, ¿cuántas veces antes de ofrecer estas soluciones nos pusimos a pensar en qué es lo que nos está pidiendo la persona que nos cuenta esto? ¿Preguntamos “cómo puedo ayudarte”? Sentimos tanto rechazo a las emociones mal llamadas “negativas” (recordemos que las emociones son adaptativas, no son ni malas ni buenas) que en ese afán de intentar rápidamente quitar el malestar nos olvidamos de la persona detrás de la emoción, de qué tiene que decir con respecto a ella.

Muchas veces vale más un “no sé qué decir” que dar un consejo o una frase de consuelo de inmediato, estamos acostumbrados a hacer eso, nos pasa a todos, pero tenemos que resignar la omnipotencia y comprender que no siempre vamos a poder hacer algo para mejorar significativamente el estado emocional de alguien querido o resolver sus problemas, tal vez ofrecer nuestro oído, para escuchar sus palabras y su tono de voz nos va a permitir comprender realmente como se siente para no minimizar lo que está pasando y brindarle la posibilidad de poner en palabras aquello que le produce tanto malestar.

 

La segunda frase de la que hablaré es « Disculpame la sinceridad” ¿Alguna vez te lo dijeron? ¿Alguna vez lo dijiste?, esta frase podría considerarse amiga de “la verdad no ofende” y “si le dolió es porque es verdad”, ¿qué tienen en común? Se usan para “lavarse las manos” luego de decir algo hiriente a otra persona.

Cuando se usan estas frases se están asumiendo básicamente tres cosas:

  1. La honestidad implica indefectiblemente dolor para el receptor.
  2. El receptor no tiene motivos para sentirse ofendido.
  3. No hay otro modo de decir las cosas que no sea ese.

Todos estos supuestos son falsos. Si requeriste de alguna de estas frases alguna vez, lo que te faltó fue empatía. Mucha gente confunde la habilitación que le da la otra persona para decirle “cualquier cosa” con decirla con brutalidad.

No es lo mismo decirle a alguien “discúlpame la sinceridad, pero sos insoportable” que decirle de un modo amable “en este momento tu actitud me está molestando”, ¿por qué la persona que recibió el primer comentario no debería ofenderse? ¡Tiene sentido que se ofenda! Todo lo que decimos y como lo decimos tiene impacto en el otro y de hecho es bueno que así sea porque si no daría igual hablar con una pared. Usar un modo más empático para comunicarnos no significa que a la otra persona no va a dolerle lo que le digamos, pero las consecuencias serán diferentes.

Tal vez  te estés preguntando por los contextos y la incontrolabilidad de lo que se dice mientras se experimentan emociones fuertes, como puede ocurrir en una acalorada discusión o cuando estás hablando con alguien que sencillamente te cae mal o te tiene harto. Sin dudas en estos casos el desafío es doble, porque hay que empatizar con alguien por quien, al menos en ese momento, se tienen sentimientos hostiles. Sería bueno en general, aprender a discutir sin insultos y solamente usar argumentos pertinentes al tema de la discusión, pero más allá de esto  hay que tener en cuenta que las emociones son nuestras, por lo tanto tenemos que responsabilizarnos por ellas, ¿qué quiere decir esto? Que muchas veces se cree que es “culpa” de la otra persona que tengamos ciertas emociones y esto no es tan así, nosotros codificamos y valoramos las situaciones, si bien es un procesamiento que hacemos de manera automática, éstos responden a nuestros esquemas.

Los esquemas son estructuras cognitivas a través de las cuales se procesan los hechos. Varían de una persona a otra respecto al contenido, valencia, permeabilidad, densidad y grado de flexibilidad. Al funcionar como patrones organizativos (templates) los esquemas activamente escenifican, codifican, categorizan y evalúan los estímulos. Por lo tanto, nuestra percepción de los hechos no es objetiva per se.

De todos modos, mientras adquirimos esta nueva habilidad empatizar, si dijimos algo hiriente podemos rectificarnos y pedir disculpas por el modo e intentar reelaborar la frase.

La última  frase que voy a analizar es la afamada “Todo vuelve”, que se usa cuando una persona se siente  perjudicada por otra y se consuela diciendo que no importa porque “todo vuelve”. ¿Cuántas veces hemos escuchado esto? ¡Tal vez hasta lo hayamos dicho también!, en este caso la frase puede que dé alivio a quien la escuche/diga, pero es inefectiva si se la toma como una meta en sí.

Lejos de ser una frase de empoderamiento e indiferencia que intenta dar un aire de superación a quien la dice o recibe, ¡es una frase cargada de emocionalidad! Realmente no le da lo mismo lo que ocurrió, hay fuertes sentimientos negativos y una búsqueda de reivindicación, esto es, la persona se sintió agraviada y espera que en el corto o largo plazo eso traiga una consecuencia para la persona responsable. También puede interpretarse como una venganza pasiva porque se espera que algo haga justicia. En este punto se puede vincular con la idea de “justicia divina” y la de “karma”.

La justicia divina  tiene que ver con la fe religiosa y se entiende como una justicia que va a ser ejecutada por un ser superior. En cuanto al karma, popularmente se lo considera como la consecuencia a una mala acción. En el budismo (que es de donde viene este concepto) la definición de karma a grandes rasgos es similar pero se centra más en el sí mismo, es decir, en que las acciones físicas, verbales y mentales que efectuamos dejan marcas en nuestra mente, si las acciones son virtuosas obtendremos felicidad en el futuro y las perjudiciales nos provocarán sufrimiento.

También podemos pensar en qué sería justo que le pasara el otro, ¿la justicia es igual para todos? No. Lo que para una persona puede ser algo terrible tal vez para otra no, eso dependerá de los intereses de cada persona, entonces quedarse esperando que a alguien le pase algo malo para sentirnos compensados puede no ser más que una pérdida de tiempo y una acumulación de resentimiento que solo nos afectará a nosotros mismos y viéndolo así el daño sería doble, porque el daño inicial no se subsana y cargamos con malestar extra.

No entraré hoy en detalles con respecto a esto, pero es interesante como se pone en juego el pensamiento mágico en la frase de la que estamos hablando. Pensemos lo siguiente, si fuimos estafados y la persona termina presa, ¿fue porque “todo vuelve” o porque su conducta fue delictiva y es lógico que sufra consecuencias penales? O si tuvimos una amistad que nos traicionó de algún modo y nos enteramos que ahora está completamente sola, ¿fue porque “todo vuelve” o porque fue desleal también con sus nuevas amistades y esa no es una conducta valorada socialmente?

En fin, el objetivo de este artículo no es decirles cómo deben expresarse pero personalmente me resulta fascinante cuestionarme los comportamientos y modos de referirnos  que tenemos naturalizados, investigarlos, pensarlos, entenderlos, aprender y corregirlos si es posible, para que nuestro paso por el mundo sea más constructivo.

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Bibliografía de consulta:

  • W. Sacco y A. Beck. TEORÍA Y TERAPIA COGNITIVA, En Beckham, E.E. y Leber, W.R. (1995) Handbook of Depression. Second Edition. 329:351. New York. Guilford. Traducción de Leonera Lievendag. Revisión técnica Eduardo Keegan.
  • ¿Qué es el Karma? Recuperado de:  https://www.introduccionalbudismo.com/que-es-el-karma.php

Publicado por Lic. Ángeles Fernández

Lic. en Psicología (UBA). Estudiante de posgrado en Teoría Cognitiva-Conductual.

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