¿Y? ¿Ya mentiste hoy?

La sinceridad es una cualidad valorada socialmente mientras que su antagonista, la mentira no y hasta es motivo de castigo, por ejemplo en la religión católica es un pecado y dar falso testimonio en un juicio se pena. En nuestra vida personal seguramente preferimos no ser engañados y muchas personas señalan a la sinceridad como una de las cosas más importantes en los vínculos de pareja y amistad, ¿Cuántas veces escucharon decir “si hay algo que no tolero es la mentira”?

Sin embargo, la mentira y el engaño son moneda corriente en la misma sociedad que la condena. No hay que esforzarse mucho para hallarla; las publicidades muestran personas irreales por el abuso de Photoshop o replican estereotipos que distan de representar a las personas a quienes intentan vender sus productos, los políticos prometen más de lo que cumplen y emplean maniobras distractoras para cambiar el foco de atención, en fin, ejemplos sobran.

Ahora bien, la mentira no aparece a diario solo afuera, nosotros también mentimos frecuentemente, lo hacemos con mucha facilidad y por muchos motivos: para defendernos, para no dañar a alguien, para dañarlo, para conseguir algo, para evitar un castigo, mentimos cuando ocultamos, decimos verdades a medias y hasta lo hacemos sin darnos cuenta. Por ejemplo mentimos cuando usamos maquillaje ya que estamos modificando nuestra apariencia, cuando sonreímos por compromiso, cuando respondemos “bien” a un “¿Cómo andas?” para evitar dar explicaciones. Lo que sí es cierto es que no todas las mentiras dan igual, no es lo mismo mentir usando maquillaje que es algo visible y abalado socialmente, que mentir de con la intención de obtener un beneficio propio.

Lo interesante de las mentiras es que no es una habilidad exclusivamente humana, los animales y las plantas también pueden hacerlo, por ejemplo la orquídea abeja engaña con su aspecto a las abejas macho para ser polinizadas y las zarigüeyas se hacen las muertas para protegerse de los depredadores, la gran diferencia que tenemos con ellos es que al contar con un cerebro desarrollado y la capacidad de hablar, los humanos podemos mentir mejor que el resto de los seres vivos, lo que nos permite obtener mediante la mentira dinero, trabajo, poder, sexo, etc.

David Livingstone Smith, director del Instituto de Ciencias Cognitivas y Psicología Evolutiva de la Universidad de Nueva Inglaterra, en EEUU y autor de “¿Por qué mentimos?: las raíces evolutivas de la mentira y del inconsciente” señala que la evolución selecciona los rasgos ventajosos para los individuos y aunque sea una pena, los mentirosos son los grandes ganadores del juego de la vida ya que el no saber mentir hace que las personas se conviertan en marginados sociales porque la vida social gira entorno a la mentira, a la vez que se ponen en riesgo porque es muy probable que una persona honesta revele demasiada información propia y la información es poder, por lo que podría quedar a expensas de otro individuo. Con respecto a las áreas cerebrales que cobran relevancia en la mentira encontramos a la amígdala como el área que más se activa cuando realizamos una “mentira deshonesta” (para obtener una ventaja para sí mismo). En un artículo publicado por Garrett, N., et al. (2016) llamado The brain adapts to dishonesty se presentan unos estudios muy interesantes utilizando una escala de deshonestidad y un escáner de imágenes cerebrales, que consistieron en dar una tarea de comportamiento en las cuáles los participantes tuvieron repetidas oportunidades de actuar deshonestamente. A grandes rasgos los participantes aconsejaron a un segundo participante (P2) sobre la cantidad de dinero en un frasco para beneficiarse a sí mismos, a ambos, a sí mismos sin afectar a P2 y a P2 sin afectarse a sí mismos. Por un lado encontraron que la deshonestidad aumenta gradualmente con la repetición aunque todo lo demás se mantenga constante, por lo tanto decisiones deshonestas menores podrían volverse significativas a lo largo del tiempo y lo vinculan a la desensibilización sistemática: la exposición repetida a un estímulo debilita la respuesta emocional al mismo. Por el otro, las imágenes cerebrales mostraron que la respuesta de la amígdala a la deshonestidad disminuía a lo largo del tiempo. Finalmente la escala de deshonestidad mostró variaciones según la motivación de la deshonestidad, la escalada de la deshonestidad así como la respuesta de la amígdala a lo largo del tiempo se explica mejor cuando la deshonestidad fue egoísta, en cambio cuando el beneficio era para otra persona la deshonestidad se observó a un ritmo constante, por lo que los investigadores sugieren que en la motivación para actuar de modo deshonesto contribuye a su evaluación afectiva, en caso de beneficiar a otro puede percibirse como moralmente aceptable.

Ya hablamos de evolución y de neurobiología, pero ¿Qué hay de la cognición? Los humanos no son los únicos que utilizan estrategias cognitivas para engañar, los perros domésticos por ejemplo pueden llevar a cabo intencionalmente comportamientos que en el pasado hicieron que sus dueños les prestaran atención, entonces sí, estoy diciendo que nuestras mascotas intentan manipularnos y si son de corazón blando como yo seguramente lo logran, de todos modos no lo hacen con intención de engañar, simplemente quieren más mimos ¿y quién podría juzgarlos?

En un nivel de mayor complejidad cognitiva se encuentran los engaños de los primates, acá sí aparece la intención. Lo que diferencia a los chimpancés de los humanos sería que mientras los primeros buscan una recompensa inmediata, en los humanos los fines son más diversos.  

Los seres humanos para mentir del modo que lo hacemos necesitamos de dos cosas: el lenguaje y la Teoría de la Mente. Explicado muy sintéticamente la Teoría de la Mente es la capacidad de tener en cuenta los estados mentales de otras personas sin suponer que sus ideas, pensamientos, creencias, deseos, etc. son los mismos que los propios. Comprender y predecir las conductas, intenciones y sentimientos de los otros es importantísimo para las relaciones humanas ya que nos permite adaptar nuestra propia conducta según las circunstancias lo ameriten, empatizar y por supuesto también mentir.

Ahora bien, la mentira requiere del uso de la lengua intencionadamente, es decir que para comunicarnos intencionalmente necesitamos ser conscientes de que transmitimos información, saber que el receptor conoce que el comportamiento es informativo y elegir qué información dar y cual suprimir. En el caso de la mentira se incurre a transgredir el principio pragmático básico de presunción de sinceridad de la información que se transmite por parte del receptor para sacar beneficio de él. Cuando alguien nos dice algo creemos que eso es cierto. Ahora podemos ver el rol del lenguaje y la Teoría de la Mente en la mentira: podemos dar una información falsa verbalmente porque sabemos que el otro no sabe lo que nosotros sí (que estamos mintiendo) y porque podemos predecir que el receptor supone que esa información es cierta.

No quiero terminar el artículo sin hacer una breve reflexión en cuanto a la tecnología y la mentira porque nuestra vida se ha extendido del mundo real y tangible al virtual y eso es innegable. Mi percepción al respecto es que la confianza está un poco más en jaque en estos casos porque lo que sí sabemos es que no conocemos a quien está del otro lado de la pantalla y que puede mentirnos, sin embargo no es novedad que muchas personas logran ser embaucadas emocional, ideológica y financieramente a través de las diferentes plataformas que ofrece internet. El acceso a la tecnología nos ofrece acceder a una infinidad de información de manera inmediata, sin embargo seguramente han escuchado “la gente no sabe googlear” y no creo que pase por “saber” porque el sistema no es complicado, sino por el desinterés de hacerlo. Piensen en lo contradictorio que resulta lo sencillo que es el poner algunas palabras clave en el buscador de Google e investigar con la proliferación de las fake news, por supuesto que acá ya tiene bastante que ver el sesgo de confirmación del que ya hablé en otro artículo y también vinculé a la mentira.

En conclusión, la mentira es parte de nosotros, es adaptativa, no podemos escapar de ella. Pensemos por ejemplo en la búsqueda de pareja ¿qué sería de la conquista romántica sin la mentira? Creo que junto con la política y las ventas, el amor debe ser uno de los lugares más recurrentes de la mentira, el amor evoca emociones tan fuertes que incluso lo que en algún momento fue verdad luego muta en mentira: “me veo toda la vida con vos” mmm… bueno. La lección es que cuando te prometen/prometes eternidad estamos mintiendo y probablemente lo sepamos porque ¿a cuántos se lo dijimos?, no obstante en algún momento esa mentira fue necesaria porque convengamos que necesitamos de una ilusión que nos haga escapar de la cruel conciencia de la finitud para apostar a una pareja.

Por otro lado, es importante no caer en la paranoia de “me mienten constantemente” porque la realidad es que las mentiras intencionadas no son dichas constantemente por todo el mundo, en general prevalece la sinceridad y a su vez además de poder engañar y ser engañados también tenemos la ventaja de saber que la otra persona nos puede mentir por lo que en muchos casos la detectamos.

Si bien en el artículo comento que los mentirosos podrían ser los grandes ganadores del juego de la vida, eso no hace que mentir sea la estrategia infalible para tener éxito, de hecho son pocas las personas que lo logran y seguramente en ello interfieren otros factores como disponer de dinero, contactos y la habilidad de saber cómo, cuándo y cuánto mentir. A esto podemos sumarle que ser descubierto puede acarrear consecuencias serias porque la deshonestidad tiene su precio, se pierden o debilitan las relaciones tanto personales, como laborales y sociales. En mi opinión la sinceridad no está sobrevalorada porque realmente es importante para construir vínculos sanos pero sí está idealizada porque al menos en el discurso se la considera lo mejor siempre, pero imaginen un mundo sin mentiras, todos somos honestos los unos con los otros y con nosotros mismos (porque la verdad también nos mentimos bastante) o nos aburriríamos o nos mataríamos los unos a los otros o ambas cosas. Pero bueno, dejando de lado esta jocosa reflexión la idea del artículo no es decirles lo que tienen que hacer sino simplemente intentar entender de qué se trata la mentira.

Así que ya saben si le preguntan a alguien si es un mentiroso y le dicen que no, está mintiendo. 😉

Bibliografía:

Publicado por Lic. Ángeles Fernández

Lic. en Psicología (UBA). Estudiante de posgrado en Teoría Cognitiva-Conductual.

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