COVID-19: ESTE NO ES OTRO ARTÍCULO DE RECOMENDACIONES PARA EL ENCIERRO.

En estos últimos días la rutina de la mayoría de nosotros ha cambiado drásticamente debido a esta pandemia mundial y sí bien es una enfermedad médica no letal para la mayoría de la población, el saber que nuestra salud física, la de quienes apreciamos y de la sociedad toda está amenazada por algo que además no podemos ver y que nos llevó a estar en cuarentena obligatoria hace que nuestra salud mental también se vea afectada.

Este artículo se basa en mi percepción de todo esto y quería compartir como lo estoy viviendo yo, así que también estoy saliendo de lo habitual en cuanto al estilo de los artículos que vengo publicando. Ahora sí, arranquemos.

El COVID-19 es la principal noticia en todos los medios, algunos canales de televisión prácticamente ya deberían cambiar su nombre a “coronavirus TV” y las redes sociales… las redes sociales son un vertedero de información sobre la temática.

Estar informados y seguir las medidas preventivas es fundamental, necesitamos hacerlo por nosotros y por el resto de la comunidad, ¿Dónde está esa información? En la página de la OMS y en las de los Ministerios de Salud de cada país. Es importante tener esto presente porque las fake news están a la orden del día y hay de todo tipo, tenemos desde aquellas sensacionalistas que buscan crear más caos y preocupación hasta aquellas que dan soluciones mágicas para “matar” el virus.

Por otro lado tenemos la sobreinformación. A lo antes mencionado se suma que en las redes sociales las personas relatan y comentan al respecto, hay gente que bromea, otra muy alarmada y monotemática y hasta conspiranóicos (personas que ven conspiraciones en todas partes) que en el peor de los casos plantean directamente que el virus no existe. Si tuviéramos que elegir, es preferible alguien alarmado a alguien que descree de la existencia del virus porque es más probable que el alarmado siga las recomendaciones, ahora bien, la preocupación excesiva es un problema para la salud mental porque puede que estas personas dejen de hacer actividades que harían más llevadera la cuarentena debido a la rumiación y además puede ser desgastante para sus convivientes y las personas con las que interactúen virtualmente; a esto podemos agregar que pensar mucho en algo no soluciona el problema, estar alterados no hace que el virus desaparezca ni protege de contagio, para eso hay que respetar las medidas preventivas oficiales. Mi idea no es invalidar a estas personas porque seguramente es lo que les sale en este momento y la están pasando mal, pero me pareció pertinente señalarlo.

Las redes sociales pueden abrumarnos, por lo tanto restringir su uso no sería una mala opción, así como también poner límites. Si alguien su círculo de amigos, un familiar, o quien sea que los pone mal porque está muy negativo o sienten que están muy desbordados para contenerlo, prioricen su salud mental y con la mayor amabilidad que puedan díganles que prefieren no hablar del tema con ellos.

También vemos que hay gente que no cumple con las medidas preventivas y por ejemplo viola la cuarentena ¿Qué decir de estos sujetos? Algunos pueden ser los conspiranoicos que mencioné más arriba que descreen del virus, otros pueden subestimar la peligrosidad de la fácil propagación y otros simplemente pueden creer que ellos no están alcanzados por las reglas y pueden hacer lo que quieran ¿trastorno o rasgos narcisistas de la personalidad tal vez? es una pregunta, no estoy diagnosticando a nadie. En todos estos casos también probablemente crean que no serán afectados por el virus y visto así no pasaría de una cuestión de responsabilidad personal por la salud propia, pero ante una pandemia sí es un gran problema porque estas personas circulan y pueden dejar el virus en muchísimos lugares e infectar a muchísimas personas, entre ellas a personas que son población de riesgo, por eso el distanciamiento social no es un capricho. ¿Quedarnos en casa es el sueño de todos? ¡No! Claro que la mayoría querríamos hacer vida normal, no estar siendo afectados económica y socialmente ni estar encerrados con familiares todo el tiempo por un montón de días, pero es necesario. Esto va a pasar, no viviremos en cuarentena eterna, pero respetarla ahora servirá a que los casos que aparezcan puedan ser atendidos correctamente porque los centros de salud no estarán colapsados.

Ante todo esto es inevitable llenarnos de pensamientos de todo tipo y pasar por todo tipo de emociones, es entendible, no vivimos antes algo así y no sabemos bien cómo afrontarlo. Hay que darle lugar a las emociones, si se angustian y quieren llorar, háganlo, si se sienten preocupados o ansiosos no se invaliden.

La pandemia es un hecho y cuánto más beneficiosos sería para nuestra salud mental aceptar la situación. Cuando hablo de aceptación no me refiero a resignación, la resignación tiene que ver con la pasividad y la indefensión, es decir que tiene que ver con la imposibilidad de hacer algo para que la situación mejore, además impide que aprendamos algo valioso de eso porque nos centramos en lo negativo; en cambio la aceptación se trata de aceptar aquello que está ocurriendo y no podemos cambiar, esto no significa “hacer vida normal”, en absoluto, se trata de decir “ok, esto está pasando y puedo hacer esto otro para llevarlo lo mejor posible”, ya que aceptar la realidad tal como es nos permite ver el panorama de una manera más amplia. Cuando aceptamos no juzgamos la situación, la situación realmente no es ni buena ni mala y si están pensando “¡Ángeles, ¿qué decís? ¡Claro que es malo! ¡Hay gente muriendo!” mejor sigan leyendo.

Aceptar no es transformar un juicio malo en uno bueno, ni avalar,  ni hacer como si nada pasara, ni ver el mundo color de rosas, ni no sentir emociones como el enojo y la tristeza. Reitero, es ver la situación sólo como lo que es. Pueden que lean esto y les resulte confuso, sobre todo si no leyeron nada de budismo ni aceptación radical (está demostrada la eficacia terapéutica de la aceptación radical, de hecho es una habilidad que se trabaja en  la Terapia Dialéctica Conductual -DBT-  de Marsha Linehan, por ejemplo), ésta no se logra de un día para otro, lleva su tiempo y de hecho incluso a veces a mí me pasa que no siempre lo logro.

La aceptación no es algo menor y menos en este contexto porque aunque sigamos las recomendaciones a rajatabla, la posibilidad de contagiarnos sigue existiendo, ahora, si no las seguimos esa posibilidad es más grande y la propagación del virus sería imposible de frenar y en consecuencia los hospitales no darían abasto y moriría mucha gente. El miedo es comprensible, el deseo de no ser contagiado también, pero si rechazamos constantemente esa posibilidad lo único que logramos es estar más ansiosos, angustiados y prolongamos el sufrimiento que esto nos causa.

Como en este momento este es un tema sensible y tal vez a alguien le sea difícil comprender lo que vengo planteando a raíz de la emocionalidad que le provoca, veamos un ejemplo que no tenga que ver con el coronavirus de lo que sería aceptación. Voy a tomar una escena de Los Simpson: en un capítulo de acción de gracias Lisa hace un centro de mesa, le dedica tiempo y cariño a la confección de esa pieza y cuando la presenta, en un forcejeo con Bart el centro de mesa va a parar a la chimenea y se prende fuego, por supuesto ella se enoja y se va llorando a su cuarto. Quedémonos con esta escena e imaginen que son Lisa, puede que se les vengan pensamientos del estilo “¡Que injusto! ¡Siempre hace lo mismo!”, “¡Odio a mi hermano!”, “¿Por qué no lo encadenaron en el ático a él en lugar de a Hugo?” y emociones como tristeza, enojo, ira. Es prácticamente inevitable que en un primer momento no se nos presenten, ahora bien, el centro de mesa ya se quemó y no hay nada que pueda hacerse para remediarlo pero si nos aferramos a esos pensamientos y no aceptamos la situación lo único que logramos es prolongar el sufrimiento, esto no invalida el dolor ni las emociones, ¡en absoluto! Como dije en otro artículo, los únicos que no tienen emociones son los muertos, pero la aceptación permite que no las carguemos como lastres que nos impidan tener una perspectiva más amplia de la situación y llevar a cabo acciones efectivas. En este caso al final del capítulo Lisa en primer lugar logra descentrarse, es decir, acepta la pérdida del centro de mesa y puede ampliar su visión, lo que posibilita que cambie su foco atencional, incluso esto le permite reflexionar sobre las dificultades que tiene Bart empatizar con el dolor de ella sin justificar la acción y hasta puede hablarlo con él. La aceptación no necesariamente implica que el otro cambie, en realidad no depende de nadie más que de uno, es observar nuestros pensamientos y emociones sin juzgarlos ni intentar hacer algo para modificarlos, simplemente dejarlos pasar como una nube en el cielo.

Por otro lado, quería contarles una experiencia personal, el día antes de que se estableciera la cuarentena obligatoria en Argentina salí de mi casa para comprar algunas cosas y había que hacer cola porque en los negocios querían evitar la acumulación de personas en espacios cerrados y mientras esperaba me di cuenta de lo afortunados que éramos y no nos debamos cuenta. Es una frase bastante trillada, lo sé, pero se me presentó como un insight porque últimamente comenzó a interesarme la filosofía budista, en parte por las terapias de Tercera Ola que he estado estudiando (hablé de esto en mi primer artículo) y se me hizo muy tangible esto de el “modo ser” y el “modo hacer” del que se habla en Mindfulness (prestar atención al momento presente de manera intencional y sin juzgar), vivimos nuestra vida sobre todo en el modo hacer, en “piloto automático” y nos perdemos un montón de cosas porque las damos por sentadas y eso hace que no las valoremos, acostumbramos a caminar por la calle pensando en lo que tenemos que hacer o dejándonos llevar por nuestra imaginación sin  detenernos a observar cómo se siente el viento en nuestros rostros o en cómo se oye el murmullo generado por las personas que circulaban en la misma vereda que nosotros.

A veces nos cuesta agradecer cosas que siempre tenemos porque damos por obvias como tener casa y comida, pero aún más nos cuesta pensar en agradecer poder salir a la calle, tomar el transporte público, etc, sin preocupaciones por eso en sí. Y todo aquello que leí y vi con respecto a esto y en su momento me pareció genial hoy cobra otro sentido, uno mucho más vívido e incluso se me vino a la mente un pensamiento varias veces estos días con respecto a mi monje favorito: “Thich Nhat Hanh ya tiene muchos años, sería una verdadera pena que se contagiara y muriera” e instantáneamente recordé que él no debe estar preocupado por su muerte porque no rechaza esta idea y la mayoría de nosotros sí y es eso lo que nos genera sufrimiento, y no estoy pensando en absoluto en que el virus me va a matar a mi o a alguien de mi familia (aunque tampoco estaría mal pensarlo), simplemente me parece que llegar a tener ese nivel de conciencia es absolutamente liberador y espero algún día alcanzarlo.

Como última reflexión quisiera decir que creo firmemente que de cualquier situación se puede obtener aprendizaje y sacar algo positivo, en este momento pienso que además de aceptar y valorar aquellas cosas que siempre pasaron desapercibidas, también soy consciente de que somos seres vulnerables y aun así tenemos la capacidad de hacer algo para que las cosas no sean tan malas porque cada una de nuestras acciones pueden hacer del mundo un lugar mejor, más ameno y solidario y eso también se contagia.

El titulo dice que no es un artículo de recomendaciones y admito que algunas se me filtraron, de todos modos hay artículos muy buenos sobre como sobrellevar la cuarentena que hablan de despertarse temprano, hacer ejercicio, etc, recomiendo que los busquen y lean. Sé que es un artículo particular y me costó bastante escribirlo porque quería que se entienda y son cosas difíciles de transmitir así que si les interesa que desarrolle algo un poco más pueden dejarme un comentario y me despido diciéndoles ¡Quedensé en sus casas!

Publicado por Lic. Ángeles Fernández

Lic. en Psicología (UBA). Estudiante de posgrado en Teoría Cognitiva-Conductual.

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2 Comments

  1. Wow! Ángeles, la verdad no se a que párrafo hacer mención porque me quede bastante golpeado en varios aspectos (en el buen sentido). Compartimos varias reflexiones sobre el tema, pero lo que mas me llama la atención, es lo que comentas sobre el monje, y tu comentario sobre la aceptación de la muerte y “aunque tampoco estaría mal pensarlo”. Entiendo que es algo muy difícil de lograr, por un lado esta el temor de hablar de la muerte como algo posible porque “preferís enfocarte en vivir” y por el otro esta el “total me voy a morir en algún momento” como justificación a ciertos actos. Ambos extremos los encontramos en la mayor parte de las personas, pero creo que hay que lograr un balance, es algo medio difícil de transmitir por texto, pero pienso en eso bastante a menudo. Se que en algún momento me voy a morir, lidiar con eso debe ser una cosa tremendamente compleja, pero yo lo veo como un detonante para hacer cosas en vida que generen impacto, en la sociedad o en algunos individuos que a su vez puedan seguir esta cadena de influencia. Y ademas disfrutar o aceptar que somos afortunados en cosas simples que ignoramos, y como nombrabas algunas cosas de estas, agrego una ducha caliente, una cama en la que dormir, poder ver tanto el amanecer como respirar el aire puro. No quiero extenderme porque ya es tarde, me estaba yendo a dormir y me topé con esto en twitter, pero me motivó a comentar, incluso para apoyarte a seguir escribiendo. Voy a investigar un poco mas sobre el Monje y la filosofía budista eso sí 🙂 últimamente vengo pensando en cosas como el criterio y la aceptación, y como deberíamos potenciar estas cosas, no se, muy extenso para el comentario pero podemos seguir por email si es que lees esto, me gustaría poder debatirlo mas en detalle, con mi circulo mas allegado es un poco imposible llegar a eso, fui policia unos años y ahora soy desarrollador de software así que te imaginaras lo difícil que es poder llegar a estar en la misma sintonía. Seguí escribiendo!

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