
Hace rato tenía ganas de escribir sobre psicología y ambientalismo pero pensé que tal vez ya teníamos demasiado con el coronavirus como para sumar otro tema dramático y podía dejarlo para más adelante. Pero como hace unas semanas se visibilizaron los incendios en el Delta del Paraná y en Córdoba (Argentina), aparentemente hoy ya extintos pero que estuvieron activos durante meses, pensé: ya fue, es hora.
No sólo nuestro país tuvo numerosos focos de incendios, una espectacular imagen tomada por la NASA mostró que el mundo estaba en llamas, principalmente América Latina. Los incendios significan pérdida de ecosistemas enteros y generan emisiones de dióxido de carbono, que en medio de una crisis climática como la que estamos viviendo es bastante preocupante (pueden buscar información al respecto en internet y leer informes de la ONU).
A todo esto no es difícil preguntarse por qué si los seres humanos, así como el resto de los animales, solemos estar motivados a evitar las amenazas no damos la debida importancia a cuidar el planeta, que al fin y al cabo es el único lugar que tenemos para vivir, como vi en varias marchas por el clima “no hay plan(eta)B”.
Sin dudas las políticas públicas y el compromiso de los gobiernos para frenar el cambio climático es fundamental. No obstante, nosotros de manera individual podemos aspirar a una vida más sustentable y amigable con el medio ambiente, a la vez que podemos exigir esas medidas. Entonces ¿por qué no lo hacemos? ¿Por qué nos cuesta tanto?
El psicólogo norteamericano A. Markman (2018) plantea que en esto tienen que ver varios factores:
- Las personas tienden a estar más motivadas a realizar acciones de las que obtengan beneficios a corto plazo que a largo plazo.
Esto tiene mucho que ver con la gratificación inmediata y la gratificación aplazada. Muchos estudios indican que tendemos a sobrevalorar los beneficios a corto plazo por sobre aquellos a largo plazo. Posiblemente uno de los más conocidos sea el Stanford marshmallow experiment realizado entre las décadas 60 y 70 por Walter Mischel que básicamente consistió en presentarle a niños una golosina (generalmente un malvavisco) y darles la opción de comerla inmediatamente o esperar unos minutos y recibir dos. El estudio tuvo un periodo de seguimiento de varios años y determinaron que los niños que esperaron tuvieron una vida más exitosa que los que no.
En fin, a lo que voy es que en general tendemos a buscar la recompensa inmediata pero ¿por qué? Sencillamente porque nos causa satisfacción. Y hoy en día tenemos todo a la mano y el contexto favorece la conducta de consumir (incluso muchas cosas que no necesitamos y ahí está el meollo de la cuestión), sin tener en cuenta el efecto a largo plazo de ese consumo. La gratificación aplazada tendría que ver con evitar el “consumir por que sí y ya” en post de en un futuro obtener una recompensa mayor, que en este caso sería ¡salvar el planeta!
Ahora bien, un punto importante que señala Markman es que ignorar las consecuencias a largo plazo del cambio climático no sólo exime a las personas de modificar su estilo de vida, lo que implicaría no sólo reemplazar y renunciar a comodidades (por ejemplo usar transporte público, caminar o andar en bicicleta en lugar de auto particular), sino que también favorece a las empresas porque no deben hacer cambios para reducir la huella de carbono que genera producir en masa y barato y los gobiernos no deben invertir en producir por ejemplo energía de manera sustentable.
2. El cambio climático es un problema no lineal.
Las personas son buenas calculando costos lineales. Por ejemplo si todas las mañanas comprás medialunas para desayunar podés calcular el impacto en tu presupuesto a fin de mes sin necesidad de una hoja de cálculo, sin embargo esto se complejiza cuando la función aumenta lentamente al principio y luego se acelera (no soy muy buena explicando cosas matemáticas así que espero que se entienda).Esto último es lo que ocurre con el cambio climático: cuando contaminamos de alguna forma no vemos consecuencias inmediatas pero cuando queremos ver ¡Pum! Inundaciones, incendios, el mar lleno de plástico, etc. Podemos hacer un paralelismo con el consumo de tabaco, un cigarrillo diario o 20, los que sean, pueden no ser mortales ni tener consecuencias notorias en la salud en el momento, pero la acumulación de fumar durante años, sí.
3. Muchas de las consecuencias del cambio climático están lejos de las personas, es decir que fenómenos como los incendios forestales o las tormentas extremas ocurren lejos de donde viven la mayoría de las personas.
El no tener que lidiar con las consecuencias específicas de estos desastres hace que la gente las vea de modo abstracto y los conceptos abstractos no motivan a las personas con tanta fuerza como los concretos.
4. El futuro es incierto.
Como no tenemos certezas sobre el futuro, tendemos a valorar más el presente y eso no está mal en lo absoluto con otras cosas, con respecto al cambio climático sí es un problema porque hay quienes desestiman las proyecciones hechas por los científicos y por lo tanto consideran que no tiene sentido actuar hoy en favor del cuidado del medio ambiente. También se puede ver esto en frases del estilo “para qué me voy a privar de X cosa si total capaz que para X momento ya voy a estar muerto”.
En fin, mientras investigaba sobre esto me encontré con que la gran estrella de todo esto resulta ser el sesgo al presente, también conocido como “distancia psicológica”. Éste es un sesgo por el cual damos más valor a lo que se encuentra más cerca de nosotros que a lo que vemos lejano y esto atañe tanto a la lejanía geográfica como a lo temporal, es decir, valoramos más el presente que el futuro. Como pueden ver, esto se relaciona con todo lo anterior.
El ambientalismo como un estilo de vida
Ser conscientes de las catástrofes a las que conduce el cambio climático es el primer paso, luego podemos comenzar a adoptar hábitos sustentables. Cambiar nuestro estilo de vida no es algo tan sencillo y puede requerir tiempo, ténganse paciencia.
Cuestionar nuestro consumo no es la cosa más cómoda del mundo, estamos de acuerdo, y conseguir opciones eco muchas veces tampoco por lo que requiere un esfuerzo extra.
Estamos acostumbrados a comprar cosas –que muchas veces ni siquiera necesitamos- sin pensar en cómo se hicieron, cuáles son los materiales de los mismos y los empaques, qué pasa al desecharlos y/o a sus envoltorios, qué impacto tienen en el ambiente, qué impacto tuvo en el ambiente trasladar ese producto desde otro país, si las empresas tienen en cuenta o no el aspecto ambiental y así podría seguir. Pueden pensar “ufff ¡qué fastidio pensar tantas cosas!” y sí, son un montón de cosas que no vemos y nunca consideramos y tal vez pueda desalentarnos a consumir (y eso no está tan mal) o incluso a irnos del “lado sustentable” por pereza (y eso sí sería una pena). La idea no es no comprar nunca más nada sino pensar de qué modo contribuimos en la contaminación de modo directo e indirecto y cuestionarnos sobre si eso vale la pena.
¿El ambientalismo está a la mano de todos?
Idealmente sí, en la realidad no siempre. Iniciando desde lo más básico y fundamental, no todas las personas cuentan con acceso a la información, es más, si bien es un tema sumamente relevante ni siquiera es el favorito de los medios así que muchas personas pueden llegar a desconocer la gravedad del asunto. Por otro lado, conseguir opciones sustentables de productos de uso diario puede ser difícil o costoso (por ejemplo, el shampoo sólido suele ser difícil de conseguir en algunos lugares o directamente imposible y a veces más caro que el embotellado; dura más, es cierto, pero hay personas que no pueden hacer ese gasto). Tampoco todo el mundo puede elegir lo que come, por lo tanto reducir el consumo de carne y tener una alimentación nutricionalmente adecuada no es una mera cuestión de voluntad, quienes podemos elegir qué comer somos privilegiados.
Por otro lado, no todos las ciudades/pueblos tienen programas de reciclado ni todas las personas acceden a información sobre cómo y por qué hay que hacerlo
También hay que tener en cuenta que la gran mayoría de las cosas que necesitamos vienen en presentaciones no eco-friendly y ahí también estamos muy limitados porque no hay opciones.
¿Y qué hay del género?
Mientras escribía el artículo recordé que el año pasado había leído algo acerca del mayor compromiso de las mujeres que de los hombres en el cuidado del planeta así que investigue y encontré esto: efectivamente las mujeres no sólo adoptan más hábitos sustentables que los hombres sino que también son quienes más contenidos generan al respecto (hay más influencers activistas mujeres que hombres) y quienes más los consumen. Sin ir más lejos, en el blog “Vivir sin plástico” que fue donde leí sobre esto por primera vez, dieron cuenta de que en su cuenta de Instagram el 87% de sus seguidores ¡eran mujeres!
Existen estudios que explican esta tendencia. Las mujeres por ejemplo suelen reciclar más, reducir su consumo de carne y tener un más rol activo en las causas ecológicas que los hombres. Por un lado se debería a que somos más altruistas y estamos más inclinadas a adoptar una perspectiva de tiempo futuro pero, y acá aparece lo interesante, los hombres ven amenazada su masculinidad y heterosexualidad cuando tienen que tomar decisiones ecológicas.
Un estudio de Brough et al. (2016) examinó por qué existe una brecha de género en el comportamiento sostenible realizando siete experimentos donde participaron más de 2.000 estadounidenses y chinos. Para no extenderme demasiado sólo mencionaré algunos, pero en síntesis encontraron que ésta puede explicarse parcialmente por la asociación entre el comportamiento ecológico y la feminidad que amenaza la identidad de género de los hombres.
Uno de esos experimentos consistió en que tanto hombres como mujeres juzgaran el uso de una bolsa de plástico y una reutilizable y ambos géneros consideraron a quienes usaban ésta última como más femenina independientemente de si quien la usaba era hombre o mujer.
En otro experimento “amenazaron la masculinidad” de los participantes hombres ofreciéndoles una tarjeta de regalo ecológica rosa con flores y una estándar. Los hombres que veían amenazada su masculinidad elegían la estándar, y es que al parecer, los hombres vinculan la reafirmación de la masculinidad con acciones no respetuosas con el medio ambiente.
Los autores también concluyeron que los hombres son particularmente sensibles cuando se trata de las percepciones de su identidad de género y que el “estereotipo verde-femenino” influye en las conductas ecológicas de los hombres heterosexuales.
Tal vez alguien que lea esto pueda pensar “esa masculinidad frágil y homofobia sí se puede ver” y… falta mucha deconstrucción. Los prejuicios nacen del contexto, no se los inventa la persona de la nada, con esto no digo que la cosa sea irreversible pero sí es cierto que no se puede desaprender lo aprendido (por ejemplo no podemos desaprender a leer) Pero cuestionarse sí nos permite que podamos ver las cosas de manera diferente y cada vez nos haga más “ruido” aquello que aprendimos y ya no va.
En conclusión, el cambio climático es algo real y asunto de todos porque habitamos este planeta. Si tenés la posibilidad de incorporar algunas cosas amigables con el medio ambiente en tu vida diaria, ¡hacelo! Cada una de esas acciones son necesarias, no se necesita ser un “ambientalista perfecto”, posiblemente esa sea una meta muy elevada para muchos contextos así que de nada sirve vivirse torturando y como ya dije, hay que tenerse paciencia, los hábitos no se generan de un día para otro ♥
Bibliografía:
- BROUGH, A. R., WILKIE, J. E., MA, J., ISAAC, M. S., & GAL, D.(2016) Is Eco-Friendly Unmanly? The Green-Feminine Stereotype and Its Effect on Sustainable Consumption.
- Brough, A. R., Wilkie, J.E (2017). Men Resist Green Behavior as Unmanly. Recuperado de: https://www.scientificamerican.com/article/men-resist-green-behavior-as-unmanly/
- Campillo, S. (2017). ¿Por qué queremos las cosas ya mismo?. Hipertextual. Recuperado de: https://hipertextual.com/2017/12/gratificacion-instantcanea
- Markman, A. (2018). Why People Aren’t Motivated to Address Climate Change. Harvard Business Review. Recuperado de: https://hbr.org/2018/10/why-people-arent-motivated-to-address-climate-change
- Moreno Okuno, Alejandro Tatsuo, & Aguilera Navarrete, Ma. Natividad. (2017). Distancia Psicológica. Economía: teoría y práctica, (46), 173-194. https://doi.org/10.24275/etypuam/ne/462017/moreno
- Swim, J. K., Gillis, A. J., & Hamaty, K. J. (2019). Gender Bending and Gender Conformity: The Social Consequences of Engaging in Feminine and Masculine Pro-Environmental Behaviors.
- Vivir sin plástico (2019). ¿Es el zero waste cosa de mujeres?. Recuperado de: https://vivirsinplastico.com/es-el-zero-waste-cosa-de-mujeres/